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miércoles, enero 24, 2018

Camila Gallardo

El Mercurio

Este jueves, Camila Gallardo se presentará en el Festival de Olmué sin haber sacado aún su primer disco. Participó en "The voice", Luis Fonsi le compuso un tema y es considerada la promesa de la música local. Dijo que no a Viña 2018, asegura que se convertirá en "una artista que trascienda" y critica a sus congéneres: "Somos una generación muy conformista, al borde de ser mediocre".

Por Rodrigo Munizaga

Si usted tiene más de 25 años, probablemente el nombre de Camila Gallardo estará asociado únicamente a su participación en la versión chilena de "The voice", a mediados de 2015, donde salió segunda. Pero para quienes tienen menos edad, se trata de una reconocida cantante pop, que en apenas dos años y medio ha conseguido una fama meteórica. A saber: sus tres canciones en la plataforma de streaming Spotify suman 23 millones de reproducciones e igual número en YouTube; tiene un éxito llamado "Más de la mitad", que le compuso Luis Fonsi, su coach en el programa de buscatalentos de Canal 13; fue parte de la obertura de Viña 2017 homenajeando a Violeta Parra junto a Isabel y Tita Parra; cantó en el Estadio Nacional para el cierre de la última Teletón; fue rostro de una tienda de retail y, en tiempos donde las redes sociales son un barómetro de popularidad, su cuenta en Instagram suma 631 mil seguidores.

Viñamarina, la mayor de cuatro hermanos y próxima a lanzar su álbum debut, grabado en Los Angeles, Estados Unidos, bajo la producción del reputado Sebastián Krys -quien ha trabajado para Shakira, Alejandro Sanz, Ricky Martin y el mismo Fonsi-, este jueves tendrá una nueva medición de masividad, al presentarse en el show del Festival del Huaso de Olmué, que emitirá TVN. Pero quizás el índice de medición de su impacto actual es lo que no hará: rechazó la propuesta para estar en el Festival de Viña del Mar. "Era muy pronto para ir", dice ella, sentada en una pequeña oficina del sello Universal -la discográfica que la fichó tras su participación en "The voice"-, poniéndole el primer freno a una carrera que avanza rápido.

-Sé que es mucho en muy poco tiempo y trato de ser muy consciente de eso. De ser rigurosa con lo que hago, pero este tipo de carreras es intenso y es la única manera de lograr lo que uno quiere-resume Gallardo, de 21 años, pero que habla como si llevara una vida entera. Su seguridad es implacable, como la frase que suelta para que no quepan dudas:

-Voy a ser una artista que trascienda. Y no tengo miedo en decirlo.

Éxito, no suerte

La cantante, que ha compuesto todas las canciones de su álbum debut -salvo la de Fonsi y otra que le hizo Francisca Valenzuela- recuerda que tenía diez años cuando su padre estaba por irse de viaje y un auto lo recogía para llevarlo al aeropuerto. "Suerte, papi", le dijo antes de que se fuera. Él se dio vuelta y le respondió: "La suerte es para los mediocres, mi amor. 'Éxito', me tienes que decir".

-Se me quedó grabado y la palabra "éxito" se usa mucho en mi casa. La suerte es pensar que algo va a pasar y ahí está el conformismo. Las cosas suceden cuando uno las hace, las coincidencias no existen. Si hoy te está pasando algo bueno es porque hiciste algo tiempo atrás, con disciplina -dice Gallardo, de pelo largo y ondulado, con una voz que enfatiza frases, repitiendo palabras como "bendiciones", "conciencia" y "éxito" de tanto en tanto.

-El éxito es un estado momentáneo. Para mí, los números no son sinónimo de éxito, no se mide en la cantidad de likes en una foto. Es llegar a mi casa y estar tranquila de lo que hice en el día, consciente de que estás viendo frutos de tu disciplina. Hay músicos muy famosos, que hacen música muy básica, y capaz que para ellos los números sean importantes, pero anda a saber si llegan a su casa y se sienten mal por hacer música básica -reflexiona.

Ella tuvo un inicio como cantante del modo en que los últimos años tienen muchos artistas de su edad: a través de YouTube. Su papá la grabó cantando "Gracias a la vida", de Violeta Parra, cuando tenía 14 años, y colgó el video al portal de internet. Las visualizaciones que logró le demostraron a ella y a su familia que ahí había una carrera en ciernes. Luego vinieron clases de música, un viaje por seis meses de intercambio en EE.UU. y posteriormente su inscripción a "The voice", tras salir del colegio. Su paso por el programa se convirtió también en un impulso para venirse a Santiago y vivir sola, a los 18 años. Aunque no fue solo un ímpetu de temprana independencia:

-Fue cuando mis papás estaban pasando por un proceso de divorcio súper fuerte. Me fui de mi casa, más o menos escapando en este mundo de la música, y todo fue confuso: estaba haciendo el programa, vino la exposición, la firma con la disquera, y yo con lo de mis papás, no entendiendo nada. Mandé a todo el mundo a la punta del cerro, me desprendí de todo y fui egoísta unos cinco minutos, porque a veces hay que serlo. Entonces mis papás, cuando todo se solucionó, volvieron a ser los viejos bacanes de siempre.

-¿Cómo asimilaste su divorcio?

-Me afectó mucho, fue duro, porque pasé a ser seudoconsejera y amiga de mi mamá, protectora de mis hermanos. Estuve entremedio, siempre hablando con uno y con otro, siendo mediadora, y nunca sentí que estaba siendo hija, parecía una mamá. Pero estoy agradecida de lo que me pasó. Rescato cosas enormemente de mis viejos, los adoro y tengo la bendición de que son fuertes, pero obviamente en una crisis familiar todos pierden un poco el norte y yo estaba muy cansada. Pero ahora sé qué tipo de cosas voy a hacer, el tipo de mujer que quiero ser y el hombre que quiero tener a mi lado. Y resultó una inspiración para el disco, fue muy terapéutico.

-¿No te dio vértigo independizarte tan joven?

-Siempre he tenido mucha fe de que lo que hago va a resultar. A nivel económico y de vida, cuando tomo una decisión es porque mi energía dice que va a estar todo bien. Si hay una característica que tengo es la de ser consciente. Me he equivocado, pegado mis porrazos, pero no me dio miedo. Me encanta la independencia, no pedirle plata a nadie. A veces me sentía sola, como estaba la escoba en mi familia, me daba impotencia. No gané un peso por "The voice", de hecho me fui del canal con un llavero. El premio fue la exposición, pero empecé a hacer eventos, a trabajar. Salí del colegio y de lleno a esto. No sé lo que es ir a la universidad, sí lo que es trabajar, sacarse la mugre por lo que uno sueña y estoy muy agradecido de eso.

La artista está emparejada, pero ataja antes de la siguiente pregunta con un "no hablo de mi pololo".

-Iniciando una carrera, debe ser difícil compatibilizarla con una relación sentimental, entre shows los fines de semana y viajes.

-Es duro, pero lo importante es tener un buen partner y saber cómo manejarte. No te voy a mentir, no es fácil, toda relación tiene sus pros y contras. Es complicado, pero el amor es más fuerte, ya sea con mi familia, con la persona con la que esté o si estuviera sola.

"Soy un referente"

En los últimos días, la cantante anda escuchando una y otra vez "When a men loves a woman", en la versión de Michael Bolton. Cuando le da con un tema, puede escucharlo durante días. Uno de sus discos favoritos del último tiempo es el de Bon Iver y admira la voz de Amy Winehouse. "Pero soy muy rara para escuchar música", admite. "Me da con la salsa y al otro día con cosas súper dark", ejemplifica. Lo que la descoloca, eso sí, es el reggaetón.

-Pero es la música de tu generación.

-No tengo nada en contra, mueve a mucha gente y puedo bailarlo. Pero si miras los top 50 de Spotify en Chile, es solo reggaetón o trap. No lo entiendo.

-¿Te parecen letras sexistas?

-Sí, mucho. Por eso me siento responsable, que se den cuenta de que no tengo que hablar groseramente ni de sexo todo el rato, con letras que niñas de diez años cantan y no encuentro que eso sea normal.

En el panorama local, Camila no siente que haya una generación de cantantes de su edad. "El gran error de los artistas es que se pierden en el proceso. Yo también me he perdido, pero he tenido la bendición de un equipo que sabe detrás, pero en la industria chilena las cosas se hacen a tontas y a locas", advierte.

-¿Cuándo sientes que te has perdido?

-Muchas veces me he sentido insegura de lo que estoy haciendo y escribiendo. Cuando estrenamos "Un poco más de frío", me dolía la guata, te juro. A la gente le encantó, obviamente, pero uno siempre tiene dudas. A veces no me puedo quedar dormida en la noche y se me pasan veinte mil ideas por la cabeza, ahora que estamos preparando los shows: qué se van a poner mis músicos y yo, por ejemplo. Ese seudoperfeccionismo me ha jugado en contra muchas veces, pero también me ha ayudado a permanecer.

-¿Cómo te sentiste rechazando Viña?

-Yo soy de Viña y le tengo mucho respeto, y hay que llegar más consagrado, el Festival es ponerle la guinda a la torta. Si este año me va increíble y el disco pega en todas partes, voy a analizarlo.

-En la última Teletón criticaron la ropa con que te presentaste (jeans y sweater colorido). ¿Te molestó que se fijaran en eso?

-Venía recién llegando de Los Angeles, había estado en los premios Billboard Woman in Music, y llegué a las 19:30 horas, me duché y me fui al estadio. Fui vestida con un chaleco porque no me voy a poner un vestido de cuatro palos para subirme a cantarle a una causa como la Teletón.

-¿Te preocupa ser un referente?

-Obvio que soy un referente y voy a intentar serlo lo mejor posible. Me encanta como soy y me da rabia que me traten de hacer sentir insegura. Sé lo que valgo. Lo de la ropa no es un comentario que le harían a un hombre, ¿viste cómo estaban vestidos los tipos al lado mío? Y más allá de los comentarios de la gente, un medio que lo exponga, como lo hizo "24 Horas", es tremendo.

-¿Sientes que como mujer has debido lidiar con muchos clichés de la industria?

-Sí. Me han tratado de sacar un poco de ropa, antes de una presentación, para verme "más rica". Pero he dicho que no. En distintos escenarios y comerciales, y no lo justifico, pero analizando cómo funciona Chile, no me extraña.

-¿Cómo se lo han tomado esas personas cuando dices "no"?

-Al principio fue: "Oye, esta niñita tiene voz".

-Algunos productores en la industria, previo a esta entrevista, me dijeron que tenías fama de "pesada", que ponías muchas condiciones, siendo que recién estabas partiendo.

-Porque a la gente le dan miedo las mujeres fuertes. Imagínate fuera un pollito, ¡me comen viva! Se alimentarían de mí como zánganos, pero la industria está llena de esa gente. Si no tienes carácter, estás perdido. A muchos les da miedo la gente con opinión y que dice que "no". Me da rabia que me traten de carácter fuerte desde el mal sentido. Si fuera hombre y tuviera este carácter, lo aplauden. Pero soy mina.

Generación conformista

Estando en el colegio, Gallardo recuerda que alguna vez fue a una marcha estudiantil en Valparaíso. Al contar la anécdota, y a propósito de las motivaciones de su generación, piensa que sus padres nunca se enteraron y que ella estaba aún en un colegio particular de mujeres en Viña. Esa vez -cuenta- fue un rato y se largó. La historia la deja hasta ahí, agrega, porque no quiere profundizar.

Otro tema en el que advierte que no entrará es que integra la Iglesia de los Santos de los Último Días. "Prefiero no referirme a ese tema. No es algo que me acomode hablar", ataja.

-¿La religión es importante para ti?

-Creo que más allá de la religión, importan las creencias o tu base moral, pero no voy a hablar de una religión en específico. Creo en Dios. Mucha gente va a la iglesia y se persigna, reza y se para a dar discursos, pero sus vidas no son un ejemplo. Creo que la mejor manera de practicar una religión o creencia es ser un buen ejemplo para las demás personas, seas mormón, judío o católico. Las grandes personas no tienen la religión pegada a la frente.

-¿Rezas?

-No rezo el Padre Nuestro, no creo en los santos. Me encomiendo a una energía y creo en un Dios. Escribí una canción que habla de eso, en que parte de la letra dice:

"Al ser que está allá arriba, seas cuerpo o energía, hoy te ruego por los locos enfadados con la vida".

-¿Sientes que en Chile hay intolerancia hacia algunas religiones?

-Hay intolerancia frente a todo lo que es ajeno a uno y que no entienden. El chileno, y es una crítica constructiva, tiende a atacar siempre lo desconocido. La intolerancia nos describe como país.

-¿Ves a tu generación igual de intolerante o menos?

-Twitter es súper violento, me llegan muchos mensajes cariñosos, pero no falta el loco raro que le gusta andar tuiteando estupideces y digo: "Preocúpate de ser feliz".

Pero eso lo veo más en la generación de los treintones. En la mía igual, pero les da más lata hablar mal de alguien. En mi generación, eso sí, hay mucho loco flojo, somos una generación bendecida en medios, privilegiada y con recursos. El conformismo fomenta la pereza. Somos una generación muy conformista, al borde de ser mediocre.

Pero también hay cabros inteligentes, que me paro y los aplaudo.

-¿Te sientes "bicho raro" dentro de tu generación?

-Sí, porque soy una vieja chica. Es que veo que no hay hambre por el éxito, por vivir experiencias. Siento que no estamos criando personas que sientan, sino personas que solo respiran. Cuando una generación tiene una meta y te cuesta cerrar los ojos al dormir, es porque estás haciendo las cosas con pasión. Pero no siento esa vibra cuando hablo con mis pares.

-¿Cuánto cuidas tu imagen? Por ejemplo, no hablar de religión, que puede restarte fans.

-¡Pero no lo hago por lo que pueda decir la gente! Tampoco por "cuidarme", sino porque hoy no es tema.

-¿Cómo te relacionas con esta fama ascendente?

-Me friquea a veces, pero trato de respirar y sé que puedo hacer algo bueno con eso. Cuando la gente se acerca es bacán, hago esto por ellos, y tengo la convicción de que quiero ser una buena artista y que las mujeres en la música triunfemos. No puede ser que yo sea la única artista femenina en el Festival de Olmué.

-Tienes objetivos claros. ¿No te da miedo caerte?

-He tenido momentos vulnerables, de agobio, y ahí agarro fuerzas y digo: "Todo va a estar bien". Tener coraje, ganas y fuerza son atributos y la vida me recuerda todos los días que he sido bendecida.

Hace una pausa y lanza otra frase que refuerza su seguridad, como si fuera la mejor coach de sí misma:

-No me da miedo decirlo: me quiero comer el mundo con mi música.