sábado, marzo 09, 2013

El difícil camino de los supergrupos

El Mercurio


Es una de las mayores delicias para los fans de la música: la reunión de destacados artistas para formar una superbanda. Con Atoms for Peace, el grupo liderado por el líder de Radiohead, Thom Yorke, y el bajista de Red Hot Chili Peppers, Flea, como la última encarnación de estos bombásticos proyectos, repasamos agrupaciones históricas -excelentes e irregulares- que han apostado por combatir el ego en pos de brindar música en común.

Felipe Rodríguez

Atoms for Peace: La electrónica humana

Thom Yorke, el líder de Radiohead, disfruta de la particularidad de las grandes estrellas: hace lo que quiere. A casi siete años de su debut solista, "The Eraser" (2006), el introvertido músico llamó a unos cuantos amigos -su productor, Nigel Godrich; Flea, bajista de Red Hot Chili Peppers; Joey Waronker, baterista de Beck y R.E.M., y el guitarrista Mauro Refosco- porque tenía "unas ideas de canciones". El grupo se reunió en Los Angeles escuchando viejos discos de Fela Kuti, subieron un par de temas a internet y bajo el rótulo de "???????" prometieron un álbum. En medio, Yorke se dio tiempo para disfrutar: se hizo fanático del surf a instancias de Flea. Ese nuevo estilo de vida, que además incorpora el yoga, correr y la meditación, pusieron un acento más humano en sus nuevas composiciones.

Con nuevo nombre, "Atoms for Peace", y un disco recién aparecido, "Amok", las nueve canciones son la continuación de "Eraser". Aquí lo de supergrupo es, más bien, una anécdota. En su electrónica matemática y cerebral, Yorke es el hombre que toma las decisiones. El bajo de Flea se distingue en la corporalidad de "Dropped" y el sentido rítmico de "Ingenue", pero nadie discute el protagonismo. Yorke es amo y señor.

Class of '55: Rock and Roll de primera escuela

Es uno de los supergrupos más inadvertidos de la historia del rock. Jerry Lee Lewis, Carl Perkins, Johnny Cash y Roy Orbison se juntaron en 1985 para tributar a la ciudad que los dio a conocer: Memphis. El cuarteto había partido en Sun Records, el mitológico sello de esa ciudad, y a mediados de los 80, sus nombres eran más citados en la prensa policial que en la musical. Cash batallaba con su alcoholismo; Lee Lewis con sus actos violentos y Perkins con accidentes automovilísticos.

"Class of '55" fue un disco hecho en apenas cuatro días. El álbum es interesante porque rescata el carácter suelto y desacomplejado de los músicos y cuya prioridad es la expresividad de los estilos en sí misma. El soul de Orbison en "Coming Home" eriza los pelos y el country, "Way More's Blues", con la voz misteriosa de Cash y el coro de sus compañeros son porciones de historia, magia sonora condensada en pocos minutos por artistas genuinos. Es rock and roll electrizante. Ideal para enciclopédicos.

Blind Faith: Calidad garantizada

Eric Clapton y Jack Bruce no se soportaban en Cream y el final de esa gigantesca banda fue predecible. Clapton, con una reputación de guitarrista hábil y carismático, sumó a su ex compañero Ginger Baker -uno de los mejores bateristas de la historia y quien, en principio, no era admitido por Clapton-; el ex Traffic Steve Winwood, y el bajista Rick Grech para crear Blind Faith.

Desde los primeros ensayos, la prensa comprendió que se trataba de un disco trascendente. La expectación fue tan grande que el debut fue en Hyde Park de Londres ante más de cien mil personas. Además, poco antes de editar su disco debut homónimo (1969), la polémica los puso en primer plano: la portada con una adolescente desnuda sujetando a un aeroplano fue criticada por grupos conservadores. En Estados Unidos, de hecho, la carátula tuvo que cambiarse por una imagen de los cuatro músicos.

En rigor, los temas de Blind Faith son un lujo. Espasmos progresivos y el protagonismo rítmico de Baker en "Do What You Like", la imaginación blusera del guitarrista en "Sleeping in the Ground" y la sicodelia instrumental de "Time Winds" son piezas de culto. Pero así como su talento era desbordante, en camarines la relación entre los músicos era pésima. El choque de egos y el consumo de drogas trizó su amistad. Tanto, que al separarse todos los músicos afirmaban que detestaban haber pertenecido al grupo.

Travelling Wilburys: Reunión fallida

George Harrison venía en baja. Su gran éxito en solitario, "My Sweet Lord", fue acusado de plagio y su sello, Dark Horse Records -donde incluso financió películas del irrepetible grupo cómico, Monty Python-, estaba en bancarrota. Pero el ex Beatle era un tipo querido por sus colegas y varios lo quisieron recuperar. Su amistad con influyentes, como Bob Dylan -que también venía de discos mediocres-, Roy Orbison, Jeff Lyne y Tom Petty, propició un grupo llamado The Travelling Wilburys, que fue ensalzado por la prensa musical de Estados Unidos e Inglaterra antes de editar un tema.

Lo que partió en abril de 1988 como una reunión para adoptar un lado B de Harrison rápidamente derivó en un álbum. Con Dylan dando las órdenes -aunque todos los integrantes se ufanaban de la democracia interna-, su primer disco, "The Travelling Wilburys Vol. 1" (1988) derivó en un éxito de ventas y en tibias críticas por un pop bienintencionado e inocente. La historia se volvió negra porque pocas semanas después del lanzamiento, Roy Orbison falleció de un ataque cardíaco. La banda, convertida ahora en cuarteto, editó un nuevo trabajo -"The Travelling Wilburys Vol. 3" (1990)- que pasó prácticamente inadvertido.

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