domingo, septiembre 11, 2011

Pearl Jam 20 años después... quizás más jóvenes

 

El Mercurio

Han pasado dos décadas. Eddie Vedder ya no tiene pinta de surfista. Tampoco trepa por los escenarios como lo hacía antes. Pero Pearl Jam sigue vivo, está de cumpleaños y quiere celebrar. Después de veinte años de carrera, la banda estrena hoy un documental en Toronto mientras se apresta a visitar por segunda vez Chile.

Andrea Muñoz H. enviada especial en Nueva York

Pearl Jam lleva suficiente tiempo tocando para que el uniforme que usara Eddie Vedder a comienzos de los noventa -camisa de franela, short rayando las rodillas y zapatillas Converse de caña alta- haya pasado, vuelto y esté a punto de volver a pasar de moda.

Han transcurrido dos décadas desde el lanzamiento de Ten, el primer disco de la banda. Los púberes que cambiaron la voz cantando "Jeremy" hoy día tienen entradas en la frente. Las chicas que bailaron su primer lento con "Black" ya cumplieron treinta años. Eddie Vedder está gordo, Stone Gossard se ve igual de flaco y todos tienen más arrugas. Pero Pearl Jam sigue vivo y listo para celebrar. Esta noche se estrena en Toronto un ambicioso documental sobre este quinteto, que transformó la melancolía grunge en un sonido tan popular como el más pegajoso pop.

Dirigido por Cameron Crowe, "Twenty" comprime 1.200 horas de grabación, muchas de ellas caseras, en casi 120 minutos. Incluye, también, más de 24 horas de entrevistas a los miembros de la banda, quienes, a pesar de su conocida aversión a las cámaras, se portan dóciles como corderos ante el lente de Crowe. Vedder aparece mostrando fotos familiares mientras habla de su padre ausente. Gossard se da vueltas por su casa intentando encontrar algún testimonio del pasado del grupo. Termina dándose cuenta de que conserva muy pocos: un tazón mal lavado en una de las repisas de su cocina, un premio perdido en su sótano... Sólo Cameron Crowe podría haberse salido con la suya, pues conoce a los miembros de Pearl Jam desde hace años, cuando era un joven periodista de Rolling Stone, mucho antes de que se pusiera a hacer películas. Los perfiles que arma, sobre todo los de Vedder y Gossard, son impecables.

El documental arranca por el comienzo. En Seattle. En esta ciudad -en el noreste de Estados Unidos, pegada a Canadá- se toma café compulsivamente y se padecen inviernos infernales. Pero cuando los días son cortos, la noche se alarga. Y la gente -sobre todo a mediados de los ochenta- se pasaba el invierno oyendo música. "Y escuchaban de todo", relata la voz de Crowe.

Un video, del año 87, muestra a Stone Gossard (guitarra) y a Jeff Ament (bajo) vestidos de cuero y alegres, intentando colarse a una fiesta. Faltaban un par de años todavía para que se formara Pearl Jam. Tras la escena, aparecen los Gossard y Ament actuales. Como amigos íntimos recordando viejos tiempos, dicen que la primera vez que se vieron se cayeron muy mal.

El comentario era predecible, pero justo ahí está la gracia. La mirada de Crowe, como en el resto de sus películas, no tiene una gota de cinismo. El tono es a ratos divertido, a ratos melancólico, también entusiasta. Pero nunca escéptico ni relamido. Es una película hecha por una persona que parece disfrutar de la música de Pearl Jam.

La narración se organiza temáticamente, en capítulos que se van superponiendo. Una buena parte del comienzo se concentra en Mother Love Bone, el grupo que Gossard y Ament formaron un par de años antes. En el circuito de Seattle, a Mother Love Bone se la recuerda como uno de los padrinos del grunge . También, porque su vocalista, el mítico Andrew Wood, murió de una sobredosis de heroína justo cuando la banda parecía estar a punto de romperla.

Aparece entonces Eddie Vedder. Corría el año 90, Vedder trabajaba en una bomba de bencina, surfeaba y vivía en el sur de California. A sus manos llegó un demo con la música que Gossard, Ament y Mike McCready (guitarra) habían compuesto. Al demo le faltaba la voz. Vedder cantó, grabó y escribió con plumón su número de teléfono antes de mandar el casete de vuelta.

Veinte años después, Crowe se lo muestra. Vedder, quien enciende cigarrillos con más frecuencia de lo que habla, se emociona.

Y así, en capas, se va contando la historia. Aparece Kurt Cobain basureándolos; aparece Kurt Cobain haciendo las paces; la banda negándose a vender sus entradas a través de Ticketmaster; imágenes de un concierto en Dinamarca donde murieron nueve fans sofocados; Eddie Vedder cantando con una máscara de George Bush. Aparece, también, el rostro de David Lynch, sólo por un instante.

La última escena muestra un concierto reciente. Vedder ya no trepa por los andamios del escenario ni se tira piqueros sobre el público, pero todavía puede cantar Alive. Veinte años no es nada.

Cine y rock: otros documentales


Martin Scorsese y su pasión por la música
Desde su juvenil trabajo en "Woodstock" (1969) y pasando por "The last waltz", sobre el concierto de despedida de The Band en 1976, el ítaloamericano es el mejor exponente de los directores de cine que hacen documentales musicales. En la última década ha retomado esa veta con aplaudidos trabajos sobre el blues norteamericano ("Feel like going home", 2003) y Bob Dylan ("No direction home", 2005), una crónica sobre la gira más millonaria de The Rolling Stones ("Shine a light", 2008) y "George Harrison: Living in the material world", trabajo sobre el ex Beatle que estrenará en la BBC el próximo 5 de octubre.

U2: En la cima del mundo
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